Mirá qué grande está la Luna!!!

Cuántas veces hemos dicho o escuchado esta frase, al divisar una enorme Luna llena amarilla o naranja asomarse detrás del horizonte en una noche despejada?

Lamentablemente a medida que asciende, la Luna va reduciendo su tamaño y cambiando su color al plateado habitual…  ¿Qué pasó?

La explicación respecto del cambio de color es sencilla: cuando la Luna está baja, su luz (que es reflejo de la del Sol) transita una mayor superficie de la atmósfera terrestre. Al igual que en los amaneceres y los atardeceres, la luz del Sol atraviesa más atmósfera que cuando está en lo alto (al mediodía). La atmósfera, además de contener los gases que estudiamos en la secundaria, está “sucia”: contiene partículas de polvo, hollín, etc.

La luz  que emite el Sol está compuesta por ondas electromagnéticas de diferente longitud. El ojo humano puede ver un determinado rango de longitudes de onda, que corresponden a distintos colores: desde el rojo (la longitud de onda más larga), el naranja, amarillo, verde y azul hasta el violeta (la longitud de onda más corta que podemos ver).

A medida que la luz (del Sol o de la Luna) pasa por la atmósfera, “choca” con esa “suciedad” presente y en consecuencia se produce una dispersión de los rayos que va a depender de la relación entre la longitud de onda de la luz y el tamaño de las partículas.

La longitud de onda del color rojo hace que el color rojo sea el que menos esté afectado por esas partículas, y en consecuencia no se dispersa como la del azul, verde o violeta.

Si el tamaño de las partículas son mayores que la longitud de onda, la dispersión es independiente de ésta, afectando a todos los colores por igual.

Por eso, la luz del Sol o la de la Luna al salir o al ponerse, viran al naranja o rojo, y es la causa de los amaneceres y atardeceres con el cielo rojzo.

¿Y el tamaño de la Luna?

Esa es la famosa “Ilusión Lunar”: la Luna aparece sobre el horizonte más grande que cuando está sobre nuestras cabezas. Algo similar sucede con el Sol (no les aconsejo mirarlo!!!). 

Hay muchas teorías al respecto, algunas relacionadas con la forma en que nuestro cerebro “crea” imágenes y compara tamaños (Luna vs. objetos en el horizonte), mientras que cuando la Luna está sola en lo alto, ya no hay referencias confiables. Otras, la asocian a la refracción de la luz lunar al atravesar la atmósfera… indican que produce un “efecto lupa” magnificando su tamaño hasta un 75%!

En realidad la ciencia no ha encontrado una explicación concreta y unívoca a este fenómeno.

Algunos señalan como responsable de la “Ilusión Lunar” a una interpretación inconsciente de la perspectiva que realiza nuestro cerebro. La explicación la propuso Mario Ponzo en 1913, y es conocida con el nombre de la “Ilusión de las vías”. En ella se dibujan dos líneas de igual longitud entre o a través de líneas convergentes en el mismo punto de fuga, similar a las vías del ferrocarril vistas en ´perspectiva. En ella la línea superior aparenta ser más larga que la inferior porque la distancia entre los rieles parece ser mayor, ya que nuestro cerebro asume que son paralelas… pero comparando ambas líneas paralelas (con las rojas que aparecen en forma intermitente) vemos que son de igual longitud!.

En este caso, nuestros puntos de comparación no son vías, sino árboles, edificios, etc, mientras que las líneas amarillas serían el equivalente a la Luna… el tema es que también han experimentado la “Ilusión Lunar” pilotos de aeronaves volando a gran altura, sin objetos como referencias!!! En consecuencia, no es una explicación valedera.

Otros señalan que la manera en que nuestro cerebro interpreta la forma de la bóveda celeste puede tener la explicación; la atmósfera como lupa, o que nuestro ojo percibe con una diferencia de tamaño del 2% objetos vistos en forma normal  a cuando los vemos con la cabeza elevada, o por los procesos cognitivos de nuestro cerebro… pufff!

Les propongo un experimento para que, más allá de saber cuál es la causa, se percaten que el tamaño de la Luna es el mismo siempre: tomen una moneda chiquita, extiendan el brazo apuntando a la Luna llena cuando sale y comparen el tamaño de la Luna con la moneda… esperen un rato y hagan la comparación a medida que sube sobre la bóveda celeste y… voilá! Siempre es del mismo tamaño!

Muchas de las explicaciones se desechan con ese simple experimento, o fotografiándola como hizo Shay Stephens con la Luna llena sobre Seattle:

 

 

 TIENE SIEMPRE EL MISMO TAMAÑO!!!

Fuentes: Bad Astronomy, Science @ NASA, NASA APoD

 Mauricio Norman SALDÍVAR, 12 ABR 2012

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